Salmos 104:1
“Bendice, alma mía, a Jehová. Jehová Dios mío, mucho te has engrandecido; Te has vestido de gloria y de magnificencia.”

Aquí conocemos a un adorador que a pesar de sus dificultades y luchas, ordenó a su alma a hacerlo en espíritu y en verdad; ese era David, un adorador de tiempo completo, Justo para lo que Dios lo puso en medio de Su pueblo.

Hechos 13:22  “Quitado este, les levantó por rey a David, de quien dio también testimonio diciendo: He hallado a David hijo de Isaí, varón conforme a mi corazón, quien hará todo lo que yo quiero.”

Cuando Dios depuso del gobierno de Israel a Saúl, decidió reemplazarlo por David, un pastor de ovejas, a quien vio con un corazón conforme al de Él.
Lo más curioso que podemos apreciar es que David mismo solicitaba un corazón limpio;
Salmos 51:10
“Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí.”

El rey David, entendía muy bien que era un hombre sujeto a pasiones, y que debía mantenerse a diario en paz y aprobado delante del Todopoderoso quien lo había designado como rey de Israel.

Veamos la definición de adoración:
Es responder a todo lo que es Dios con todo lo que somos nosotros, responder a todo Su ser con todo nuestro ser.

Sabías que la palabra “adoración” no se encuentra en la Biblia (por lo menos, en la versión Reina-Valera de 1960)? ¡Sorprendente!, pero, sí aparece la palabra “adorar”, unas 150 veces.

Detrás de esos 150 textos hay seis palabras hebreas, arameas y griegas. La idea principal es la de postrarse ante Dios. La verdadera adoración consiste en postrarse ante Dios (no necesariamente físicamente, pero sí postrar el corazón).

Pero cuidado! También existe la adoración falsa; esta consiste en postrarse ante cualquier ser o cosa que no sea Dios. A lo largo de la Biblia hay muchos ejemplos de ambos tipos de adoración. Esta idea (de postrarnos ante Dios) nos habla de su santidad y grandeza, y de nuestra pecaminosidad y pequeñez, y del santo temor que debemos sentir ante Él y de su gran dignidad.

Cuando adoramos, estamos respondiendo a alguien. ¿A quién? Pues, a Dios, a todo lo que nos enseña su Palabra acerca de Él. Y hacemos eso con todo lo que somos y con todo lo que tenemos. Eso es adoración.

Cuando adoramos a Dios estamos reconociendo sus maravillas,  sus virtudes y su amor. Sea de forma directa: “Señor, ¡qué grande eres!”; o de forma indirecta: “¡Qué bueno es el Señor!”.

La diferencia entre cantar una canción y adorar a Dios es simplemente que una canción la canta cualquiera, pero el corazón de Dios solamente lo toca la verdadera adoración, no de un momento a otro sino la adoración de una vida entregada a Él.

Amados amigos y hermanos, adorar no es cantar bonito, así sea un profesional en música.

Adorar en espíritu y en verdad, es dedicar la vida, el diario existir a Dios con lo que tenemos y lo que somos, con un corazón Contrito y humillado.

Adora en la prueba, en la lucha, en las dificultades, en los problemas,aun cuando estés triste adora. La adoración abre puertas y hace que cosas sobrenaturales sucedan. Solo adora en todo momento a Dios.

La adoración verdadera no debería hacer una cuestión de nuestros gusto, lo único que realmente importa es que le guste al Señor, que le agrade y le de gloria a Él.

RECUERDE:
No basta sólo  cantar
Salmos 101:1-3a (NTV)
“Cantaré de tu amor y de tu justicia, oh SEÑOR; te alabaré con canciones. 2 Tendré cuidado de llevar una vida intachable, ¿cuándo vendrás a ayudarme? Viviré con integridad en mi propio hogar. 3 Me negaré a mirar cualquier cosa vil o vulgar

Yolanda Cortez
Enfermera / Directora de Alabanza

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